Desde las profundidades de la Tierra emergerán incontables bodhisattvas: un pequeño tributo a Joanna Macy.

JUAN PABLO RESTREPO

Este artículo forma parte de nuestra edición especial: «Budismo, ecología y cambio climático»

Conocí el trabajo de Joanna Macy hace aproximadamente siete años, cuando, en mi indagación y exploración contemplativa dentro del budismo comencé a reflexionar sobre la respuesta de las tradiciones espirituales a la crisis ecológica. Esta indagación me llevó a leer autores budistas como Gary Snyder, David Loy, Stephanie Kaza y Joanna Macy. Hace un tiempo escribí sobre el rol de Gary Snyder en esta exploración personal y por qué, desde mi perspectiva, debemos considerarlo un ancestro del buddhadharma. [i] Hoy, ante la muerte de Joanna, quiero dedicar unas palabras como ofrenda al legado que ella nos dejó como practicantes budistas y pensar en la manera en que podemos honrar esta herencia de manera creativa. [ii]

Joannamacy.net

Recuerdo las palabras de Héctor Aristizabal, uno de los fundadores de la Fundación Reconectando [iii] en Colombia, cuando decía que una de las enfermedades de nuestra sociedad es que nuestros ancianos, en lugar de convertirse en ancestros (elders), se transforman en personas envejecidas (olders). El lugar de los ancestros muchas veces no es reconocido en una sociedad que rinde un desmesurado culto a la juventud y olvida la sabiduría que se destila con los años. Por ello, el paso de Joanna Macy por el mundo y la inspiración que nos ha dado a tantos en el mundo budista —y más allá de él— es algo que no hay que dejar pasar de largo. 

Desde mi perspectiva, Joanna es una ancestra para el buddhadharma porque nos legó, entre muchas otras cosas, una visión creativa de la manera en que el budismo podría abrirse al sufrimiento sistémico y colectivo —en particular, el sufrimiento que está más allá de lo humano— para que nuestra práctica fuera completa y plena, abriendo la posibilidad de una visión budista más allá del antropocentrismo. Pero no solamente nos legó un abordaje teórico en el cual fuera posible comprender el Dharma desde un punto de vista novedoso, sino que también aportó una metodología de transformación fuertemente inspirada en principios budistas, pero yendo más allá de ellos, e incorporando otras fuentes y sistemas de conocimiento y práctica a la cual llamó el Trabajo que Reconecta (TQR). 

El legado de Joanna resulta, así, un ejemplo en el que la respuesta a las diversas crisis planetarias refleja al mismo tiempo una innovación y una búsqueda de conocimientos anclados en la tradición, en su caso, el budismo. Siguiendo este hilo, quiero destacar tres aspectos de su vital herencia que, en mi propio camino, han sido destellos de sabiduría que me acompañarán toda mi vida: su disposición a entablar diálogos improbables, el yo ecológico como liberación, y el lugar del duelo y el dolor en nuestra realización de la interdependencia.

Reunión del TQR en Colombia «El Micelio del Alma» organizada por Fundación Reconectando y ECCO. Foto Manuel del Rayo @digauiski

El diálogo

En su tesis doctoral, Joanna se animó a establecer un diálogo entre algunos presupuestos budistas, como la noción de no-yo (anatman), y el emergente campo de la teoría de sistemas. Más allá de los resultados de su investigación, quiero destacar el coraje y el riesgo de entablar una conversación que, hasta ese momento, no se había dado en el mundo budista. Por supuesto, la década de los 90 y principios del segundo milenio vieron un gran auge del diálogo entre budismo y ciencia, configurando las derivas del modernismo budista, del cual tanto se ha hablado y criticado. Pero el aporte de Joanna, y donde encuentro una verdadera potencia de su pensamiento, es en incluir en este encuentro de campos divergentes, una perspectiva científica que nos permite pensar un budismo de manera sistémica, y no solo individual. 

La implementación de esta hermenéutica recíproca, si bien no es totalmente original, permitió a Joanna encontrar en el budismo una respuesta a un predicamento sistémico y no solamente individual como aporte del Dharma a nuestras sociedades complejas. Las preguntas que hace en este libro Mutual Causality in Buddhism and General Systems Theory resultan reveladoras y siguen acompañando a muchos de quienes pensamos que el budismo puede ­—y debe— ofrecer respuestas más allá de la psicologización de la cultura contemporánea. Nos dice Joanna:

Mi objetivo es explorar la naturaleza e implicaciones causales de la cooriginación sistémica de los fenómenos. Este dharma de los sistemas naturales es ofrecido con la esperanza que servirá no solo a la teoría de sistemas y a los estudios budistas, sino también a nuestro bienestar común. (Macy 1991: xvii)

El yo ecológico

En la manera en que Joanna interpreta el budismo, encontré una dimensión soteriológica que permite comprender la liberación como una afirmación de los sistemas vivos y los procesos de la Tierra, más que como una trascendencia de la materialidad. El nombre que ella dio a esta experiencia de realización, donde se incluye la visión profunda, fue el yo ecológico. Es bien sabido que el budismo pretende negar la existencia de un yo que sea aprehendido como una esencia inherente, independiente y autónoma. 

Cuando Joanna habla del yo ecológico, intuyo que está buscando una relación entre la negación de ese yo egoísta, atomizado y separado del resto del mundo, y la comprensión que aporta la ecología profunda, en particular la noción de autorrealización que viene del filósofo noruego Arne Naess (2018). [iv] Lo que aporta esta visión de la liberación, donde la noción de vacuidad e interdependencia se integra a una comprensión y valoración de la interrelación de los procesos biogeofísicos, es un entendimiento desde la inmanencia de la finalidad de la búsqueda budista. 

La perspectiva de este yo ecológico sería llevada a la acción a través del trabajo comprometido por un profundo amor por el mundo, y expresado a través de los votos que ella nos proponía tomar en nuestro empeño por la transformación de la Sociedad Industrial de Crecimiento hacia sociedades regenerativas:

Prometo ante mí y ante cada uno de vosotros:

Comprometerme a diario en la curación de nuestro mundo y el bienestar de todos los seres.

Vivir en la Tierra con más ligereza y menos violencia en la comida, los productos y la energía que consumo.

Obtener fuerza y guía de la Tierra viva, los antepasados, las generaciones futuras y mis hermanos y hermanas de todas las especies.

Apoyar a otros en nuestra tarea en favor del mundo y a pedir ayuda cuando la necesite.

Aplicar una práctica diaria que clarifique mi mente, fortalezca mi corazón y me respalde en la observación de estos votos. (Macy y Johnstone 2018: 123)

El duelo como entrada a la interdependencia

Quienes hemos estudiado y recibido enseñanzas budistas encontramos en la noción de vacuidad o sunyatauna de las categorías que transforman nuestra visión reificada de la realidad en un campo más abierto, donde se da primacía a las relaciones más que a las entidades. La vacuidad se comprende en diversas tradiciones budistas como uno de los elementos que transforman una visión sólida de la realidad —un mundo de objetos— en un campo dinámico de procesos. 

Desde una perspectiva teórica, las enseñanzas sobre la vacuidad permitirían acceder a una comprensión menos condicionada por la fijación egóica, en la que las perturbaciones fundamentales de la mente —apego, aversión e ignorancia— puedan debilitarse progresivamente. La práctica de la meditación permitiría un acceso a esta experiencia. En mi experiencia con la práctica tibetana, las instrucciones esenciales del maestro o maestra cumplirían la función de acceder a esta experiencia. En la práctica zen, el «solo sentarse» buscaría un acontecimiento similar, que el maestro japonés Eihei Dōgen comprendía como un «dejar caer cuerpo y mente». 

La realización de la vacuidad, comprendida como la ausencia de existencia inherente en todos los fenómenos, tiene un correlato afirmativo en la comprensión de la originación dependiente. Si la vacuidad busca, en un nivel teórico y experiencial, descubrir la ausencia de esencia en todos los fenómenos, en la originación dependiente nos relacionamos con el carácter procesual de la realidad en interdependencia. Como lo han mostrado diversos autores budistas, esta aproximación tiene fuertes resonancias con la ecología profunda en su crítica a la ontología moderna y la separación que esta ha promovido. 

Lo que me interesa destacar es que, en la propuesta de Joanna Macy se encuentra una intuición que percibo como una innovación ritual-contemplativa y teórica en el campo budista. El yo ecológico del cual habla Macy, incorpora tanto la noción de vacuidad como la interdependencia. Pero a nivel experiencial, el acceso al yo ecológico necesita del paso por el dolor por el mundo para desplegar su verdadero potencial. Este paso de lo egóico a lo ecológico, de una visión reificada del yo aislado hacia una identidad relacional, encuentra su lugar en el momento en que reconocemos nuestro dolor por el mundo, no como una condición psicológica o una respuesta enfermiza y patológica, sino como la realización del tejido común que nos une al mundo. Nos dice Joanna Macy:

En tanto el duelo y el miedo por el mundo permita ser expresado sin reservas y validado como una respuesta plena y preservadora de la vida, las personas irán más allá de sus mecanismos de escape y romperán con su sensación de inutilidad y aislamiento. Y generalmente, aquello que encuentran después de romper estos mecanismos es un sentido de identidad más amplio. Es como si la presión de la conciencia y el reconocimiento del sufrimiento por el mundo ensanchara o colapsara las fronteras culturalmente definidas del yo. (Macy 2009: 149)

Tal como lo hemos vivenciado quienes hemos atravesado las actividades del TQR u otras prácticas que permiten la emergencia del dolor por el mundo, las lágrimas derramadas literalmente limpian nuestra visión y nos preparan para ver con un cuerpo relacional, donde el sufrimiento que este alberga es sentido en la propia piel. En la expresión de nuestro dolor por las grandes pérdidas que la crisis ecológica y el Antropoceno imponen —y en la escucha ritual del mismo que el TQR promueve—, el dolor se convierte en un puente que, al ser encarnado, permite una conversión de la mirada hacia una identidad más amplia y porosa. Las lágrimas nos recuerdan nuestro origen común, nuestra pertenencia al gran océano de la vida.

https://bioneers.org/joanna-macy-a-call-to-reconnect-with-our-planet-ztrz2312/

La gratitud por una vida plena

La escucha atenta a las emergencias y procesos de hibridación en los cuales inevitablemente las metodologías y prácticas de raigambre budista se encuentran, merece ser atendida como posibilidades que brotan desde las heridas y grietas de nuestro tiempo. Una de esas maravillosas emergencias es el trabajo que nos ha legado la maestra y activista Joanna Macy. 

En el Sutra del Loto se nos recuerda que, en momentos de crisis e incertidumbre, incontables bodhisattvas emergerán de las entrañas de la Tierra. El TQR y Joanna Macy son, en nuestro tiempo, una de estas emergencias. A través de su ejemplo y práctica, muchos hemos reconocido el anhelo de despertar al dolor del mundo y emprender el Gran Giro al cual Joanna anhelaba aportar con su trabajo. Ante las guerras y la degradación de los territorios por el capitalismo, hoy más que nunca nuestros votos deben fortalecer este anhelo y nutrir el amor salvaje por el mundo del cual nos hablaba Joanna. He querido hacer este escrito honrando su legado y memoria. 

Este pequeño homenaje es mi manera de ofrecer a esta ancestra el afecto y amor que tenemos por su trabajo. Quisiera terminar con una plegaria que recientemente Héctor Aristizábal nos compartió y que conjuga el sentir colectivo de quienes nos hemos visto movilizados e interpelados por el legado de Joanna Macy:

Amada Joanna, mientras yaces ahora en el espacio liminal entre este mundo y el misterio del más allá, siento la feroz ternura de tus enseñanzas resonando a través de la médula de mi ser. Imagino tu respiración, cada inhalación como la marea que regresa a la orilla, cada exhalación como una ofrenda al Gran Giro al que has servido tan bellamente. Nos has enseñado que la muerte no es un enemigo, sino un aliado. Que debemos «madurar nuestra muerte aceptándola en nuestro vivir». Y ahora, con la gracia de un árbol que suelta sus últimas hojas doradas, nos ofreces una última enseñanza, esta vez no con palabras, sino con la poesía sagrada de tu presencia al morir. Nos has recordado, una y otra vez, que nuestra cultura ha olvidado cómo morir y, por tanto, cómo vivir. Y así nos diste a Rilke, que rezaba: «Dios, danos a cada uno nuestra propia muerte, la muerte que procede de cada una de nuestras vidas, la forma en que amamos, los significados que hicimos, nuestra necesidad». Tú estás viviendo esa oración ahora. Y a través de ti, vemos que la muerte, cuando se afronta con reverencia, puede convertirse en un acto final de pertenencia. Tu vida ha sido un largo y luminoso acto de amor por la Tierra, por la justicia, por todos los seres. Y en este pasaje final, te conviertes en lo que siempre fuiste: ancestro, sistema de raíces, anciano micelial que susurra desde el suelo de nuestra alma colectiva. Una vez dijiste que en el acto de morir «nos liberamos en nuestra pertenencia». Que este pasaje te libere plenamente en el abrazo de todo lo que has amado: los bosques y los ríos, los cantos de las ballenas y los niños, la poesía de Rilke y la revolución del corazón. Y nosotros, tus alumnos, tus parientes, tus seres queridos, llevaremos la antorcha. Lloraremos salvajemente y amaremos ferozmente. Nos inclinaremos ante la Tierra y ante los demás. Y continuaremos sirviendo el Gran Giro, no como una tarea abstracta, sino como la sagrada labor de gratitud por la vida que nos diste. Gracias, Joanna, por enseñarnos a morir… y, por tanto, a vivir con lágrimas, asombro y amor sin límites. [v]

Bibliografía

Macy, Joanna (1991). Mutual Causality and General Systems Theory. The Dharma of Natural Systems. New York: SUNY.

Macy, Joanna (2009). “The ecological self: postmodern ground for right action.” En Edelglass, William y Garfield, Jay. Buddhist Philosophy. Essential readings. Oxford: Oxford University Press.

Macy, Joanna y Johnstone, Chris (2018). Esperanza Activa. Como Enfrentarnos al Desastre Mundial sin Volvernos Locos. Barcelona: Editorial La Llave.

Naess, Arne (2018). Ecología, Comunidad y Estilo de Vida. Buenos Aires: Prometeo.


[i] Se puede revisar el artículo en el siguiente enlace de este portal: https://espanol.buddhistdoor.net/gary-snyder-un-ancestro/

[ii] Joanna Macy murió el 19 de julio a sus 95 años.

[iii] Para un relato sobre la Fundación Reconectando y su trabajo en la implementación del Trabajo que Reconecta– el cual constituye el legado metodológico de Joanna Macy– en Colombia pueden ver mi artículo. Para un resumen del Trabajo que Reconecta y los movimiento de la espiral que lo componen recomiendo revisar el artículo de Daniel Turon en este mismo portal.

[iv] Autorrealización es un proceso que se comprende como un movimiento expansivo, una fuerza centrífuga, un ir más allá de la propia piel para abrazar otros seres y componer una identidad amplia que rompe los límites con los que nos hemos habituado a construir la idea de un yo separado, autocontenido y autosuficiente. En cierto sentido, la Autorrealización busca un ensanchamiento ontológico del sí mismo en oposición a la autorreferencialidad del yo encapsulado o puntual. Dice Naess: «La perspectiva ecosófica se desarrolla a través de una identificación tan profunda que el propio yo no queda ya adecuadamente delimitado por el ego personal o el organismo. Uno se experimenta a sí mismo como una parte genuina de toda vida» (Naess, 2018, p. 257).

[v] Puedes leer la plegaría completa de Héctor en el siguiente enlace: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=pfbid02bxzAgD2YRLKdFvZasP7G2M6JQhywqfkSPa8AM21S4xxAh8jSXc5yezqij5wSZeTLl&id=636356558

Juan Pablo Restrepo estudió filosofía en la Universidad del Valle, Cali-Colombia. Ha enseñado por más de 15 años yoga y meditación. Es practicante de budismo en las tradiciones indo-tibetana y zen. Es representante para Suramérica de G.P.I.W (Global Peace Initiative for Women), organización que crea diálogos y encuentros entre líderes espirituales y jóvenes ambientalistas. Es doctorando en filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente investiga temas relacionados al Antropoceno, la catástrofe ecológica y la manera en que ésta afecta las narrativas espirituales. Es miembro activo del Núcleo de Etnografías Amerindias (NuetAm) dirigido por Dra. Florencia Tola y del Grupo de Estudios Posthumanos dirigido por Dra. Gabriela Balcarce. Vive en Epuyén, un lugar en la Patagonia Argentina, donde construye junto a su pareja Jade Sívori, un espacio de encuentros, retiros y actividades que aporten a la sanación y liberación del humano y la Tierra llamado GaiaRefugio.